La Guajira, un sueño exprés

De La Guajira siempre me ha llamado la atención la diversidad de paisajes donde los desiertos se entremezclan con las extensas playas hasta parecer uno, pero sobretodo, su población Wayuu, donde las mujeres ocupan un papel predominante en el desarrollo de su cultura. Una cultura que aún conserva celosamente sus tradiciones, entre ellas, el oficio de tejer chinchorros, mochilas y mantas.

La Guajira es uno de esos lugares de Colombia, en los que siempre soñé con visitar. Lo que jamas pensé es conocerlo en la forma en la que ocurrió: en un día.

Para mí, este ha sido el viaje más inesperado pero más encantador. Un viaje que jamás olvidaré. 

Era enero, estaba en Valledupar y era la primera vez que visitaba esta ciudad. Después de haber conocido los lugares más representativos, mi novio y su familia quisieron tener un detalle muy especial conmigo, llevarme a La Guajira, pero que fuera sorpresa.

A las 6:00 a.m salimos de Valledupar, rumbo a un lugar desconocido para mí. Lo único que sabía era que me encontraría con agua pero no precisamente de playa, y que necesitaba un vestido de baño, pantalones cortos, protector solar y gafas de sol.

El viaje duro aproximadamente cuatro horas. Cuando escuché Riohacha, me sentí como una niña recibiendo su regalo más soñado, como cuando llega el niño Dios con los regalos de Navidad con los que has soñado seis meses atrás, estaba feliz. Pero ese solo era el comienzo.

No veía playa por ningún lado. Seguimos andando. Media hora después, llegamos a Mayapo.

Mayapo que en Wayuunaiki significa arena blanca y suave, es un lugar mágico. Es una playa tan encantadora que pareciera que su belleza estuviera custodiada por Nereidas, aquellas ninfas que según los griegos residían en lo profundo del mar.

Allí estuvimos unas cuatro horas. Nadamos, nos untamos de arena, almorzamos pescado, tomamos cerveza, nos tomamos fotos, disfrutamos del paisaje y hasta montamos en lancha. Fue realmente mágico. Mejor de lo que algún día llegué a imaginarlo.

Ya en la tarde, nos fuimos para Riohacha. Caminamos por la avenida La Marina o también conocida como la avenida primera. Este es uno de los espacios urbanos más representativos de la ciudad. Allí se encuentran muchos negocios que le dan vida frente al mar.

Mochilas, mochilas y más mochilas. Entre tantos colores y puntos de venta no sabía con cuál quedarme.

También caminamos los 400 metros del muelle turístico, nos tomamos muchas fotos y jugamos a las carreras.

Aquel 10 de enero de 2015 quedará para siempre en mi memoria. Por aquí volveré una y otra vez, y no solo por un día…

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