Hablemos de paz

Es cierto, es complejo hablar de paz y perdón en un país como Colombia. Es difícil borrar más de 50 años de guerra, pero es más complicado quitar las heridas que tienen miles de colombianos en su cuerpo y en su corazón por culpa del conflicto armando que ha generado los grupos al margen de la ley (FARC y ELN). Ellos han sido los mayores responsables del desplazamiento forzado de campesinos, de cientos de miles de muertos inocentes, decena de miles de desaparecidos, un amplio número de poblaciones afectadas. La guerra nos ha tocado a todos directa o indirectamente sin discriminar sexo, edad, ideología política o social.

La guerra nos ha dejado pobreza, drogas ilícitas, crimen organizado y narcotráfico, inseguridad rural y urbana, deterioro en la salud, criminales de cuello blanco a quienes escuchamos a diario en las noticias…. La guerra nos ha dejado marcas imborrables difíciles de sanar. Pero, aunque para muchos suene incoherente, raro o definitivamente equivocado, nos ha llegado el momento de hablar de paz. Es hora de empezar a soñar y a trabajar por ella. Es nuestro compromiso como ciudadanos.

La paz está calificada universalmente como un derecho humano y un requisito necesario para el ejercicio de todos los demás derechos y deberes de las personas. Igualmente, el Artículo 22 de la Constitución Política de Colombia  expone la paz como un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento. Trabajemos pues en ella. ¿Pero cómo, cuando los líderes políticos frecuentemente están en una guerra constante de poderes?

Recientemente leí una frase de Gerry Adams, político norilandés que dice: “La paz es más difícil que la guerra porque en la guerra solo hay que matar al otro, en la paz hay que escuchar al otro y ponerse de acuerdo con el otro, eso es más difícil”. Y precisamente la paz está ahí, en la discusión y en los acuerdos que hacemos con el enemigo (si queremos llamarlo así).

Y hablando de enemigos, hay otra frase que como católica y cristiana me ha dejado una enseñanza muy grande y es el poder amar al enemigo. Aunque a veces me cueste trabajo entender la guerra y a pesar de que soy una afectada indirecta, estoy convencida de que es mejor apoyar la paz y equivocarme, que apoyar la guerra y acertar.

Como ciudadanos de a pie, empecemos demostrándole a los influenciadores políticos que la paz se construye desde casa, llegando a acuerdo, cediendo en algunos puntos (en los que se puede ceder, claro), perdonando. En estos más de 50 años hemos visto que la guerra solo nos llena el corazón de odio y resentimiento. De muertes y sufrimientos. De pobreza y analfabetismo.

Es verdad que para lograr la paz se necesita de mucho esfuerzo, está no va a llegar solo con votar a favor de ella. Vendrán muchas situaciones difíciles y enemigos de la paz que se empeñaran en acabar con lo conseguido, pero si no empezamos ya… No lograremos cambiar nuestra historia.

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